"En la cueva tenemos una humedad del aire de aproximadamente el 100 % con una temperatura de 10 °C en el interior. En las entradas, la temperatura varía en función de la temperatura exterior, de modo que, en días de verano sofocantes, se obtienen valores elevados de humedad debido al agua condensada", explica Stefan Niggemann, director de la cueva y del adyacente Museo Alemán de Espeleología.
A esto se añade la problemática de que la iluminación de la cueva se enciende de un modo muy irregular. Mientras que la iluminación funciona continuamente durante los horarios de visita, por la tarde/noche las luces están apagadas durante horas. Ello hacía que el espacio interior del cuadro de distribución se calentara regularmente, para a continuación volver a enfriarse y llenarse de nuevo con el aire húmedo de la cueva. Las envolventes utilizadas hasta entonces eran herméticas al agua, pero no al gas, por lo que la humedad se almacenaba en el espacio interior y se acumulaba con el tiempo, una circunstancia insostenible para los responsables, ya que ello provocaba además unos gastos elevados de mantenimiento y reparación.
Precisamente por aquel entonces fue cuando Spelsberg lanzó al mercado su cuadro de distribución AK Air. Por ello Alexander Schmidt, empleado de Spelsberg, fue recibido por su cliente Thomas Warnke de muy buen grado.
Lo verdaderamente especial de esta envolvente son los elementos de ventilación integrados, una novedad mundial que impide la formación de agua de condensación de un modo fiable dentro del cuadro mediante el intercambio permanente de aire y presión. De ese modo, el aire introducido durante el enfriamiento puede escapar de nuevo sin dificultades junto con la humedad al producirse un nuevo calentamiento.
Los elementos de ventilación están dotados de una forma especial que impide totalmente el acceso de agua o cuerpos extraños al espacio interior. Ello hace posible conservar el grado de protección IP 65 a pesar del intercambio permanente de aire.